
Un brujo tiene que afinar sus sentidos para conseguir establecer una comunicación eficaz con su realidad física, energética y espiritual. Para lograrlo debe conocer cómo funcionan sus sentidos, cómo afinarlos, y como ampliarlos.
Cada uno es su mejor instrumento para percibir, entender e interactuar con su propia realidad a través de los sentidos. Adquirir una percepción ampliada no resulta simplemente de haber hecho algunos cursos y talleres. Es una decisión. Similar a mantener una vida activa y hacer ejercicio. Es cuestión de rutina, de práctica y sobre todo de atención y voluntad.
La percepción de la realidad es una experiencia subjetiva. No son los sentidos los que perciben, es la mente la que interpreta y percibe lo que quiere, lo que le interesa o lo que sabe percibir. Así que las claves para afinar la percepción no están tanto en los sentidos, que suelen funcionar bien de por sí, sino en re-entrenar al observador, es decir a nosotros mismos.
La verdadera experiencia del ser es interior, aunque dicha experiencia esté habitualmente ofuscada por el exceso de estímulos exteriores que manejan nuestros sentidos. Esta saturación genera una distracción sensorial, emocional y mental que nos desconecta de nuestra realidad interior y de aprovechar nuestro potencial mágico.
Estos apuntes de percepción ampliada pretenden explicar cómo afinar nuestros sentidos, pero le corresponde a cada uno poner en práctica e interiorizar los resultados.
Hoy en día los científicos no se ponen de acuerdo sobre cuántos sentidos tenemos, ya que clasifican cada sentido en función de sus procesos fisiológicos de captación de información. Por ejemplo, la vista es un sentido con la capacidad de detectar ondas electromagnéticas dentro del espectro de luz visible, pero podría dividirse en dos sentidos distintos ya que tiene receptores que reaccionan ante la percepción del color (frecuencia de la luz) y otros ante su brillo (energía de la luz). También se incorporan al conjunto de los sentidos receptores corporales del calor, del dolor, del equilibrio y de la posición que nos permiten movernos y saber cómo estamos. Por último, hay sentidos que están desarrollados en los animales pero no en los seres humanos, como la percepción de los campos eléctricos que tienen muchos peces y aves, o de los campos magnéticos que facilitan la orientación a grandes distancias, o incluso el eco, que proporcional a los murciélagos su radar para “ver” en la oscuridad.
El tamaño relativo, la morfología y la fisiología de los órganos responsables de los sentidos nos da una idea de su importancia y su desarrollo en los distintos animales. El tamaño relativo se establece mediante la proporción del volumen del órgano sensorial con respecto a su cabeza. Por ejemplo, muchos mamíferos tienen orejas o narices grandes que denotan lo agudos que son su oído y olfato. Sin embargo, si bien este tamaño relativo es una pista, no es una regla aplicable a todos los animales. Si en algo se caracteriza la naturaleza es en su diversidad y excepcionalidad.
La vista capta las ondas electromagnéticas dentro del espectro de luz visible y utiliza los ojos como instrumentos sensoriales.
El ojo recibe los estímulos luminosos procedentes del entorno. La luz atraviesa los medios transparentes del globo ocular y la lente del ojo, formando una imagen invertida sobre la retina. En la retina, células especializadas transforman la imagen en impulsos nerviosos. Estos impulsos llegan a través del nervio óptico hasta la región posterior del cerebro.
El cerebro interpreta dichas señales mediante un complejo mecanismo en el que intervienen millones de neuronas y que genera la percepción visual. Realmente vemos sólo el punto exacto en el que enfocamos la atención. El resto del campo visual lo rellena la mente de forma subconsciente. Esta característica de la percepción visual permite muchas ilusiones ópticas y a muchos prestidigitadores realizar sus efectos de ilusionismo.
Los rayos de luz que penetran en el ojo deben enfocarse exactamente sobre la retina para que la imagen obtenida sea nítida. El proceso mediante el cual los rayos luminosos procedentes tanto de objetos cercanos como lejanos se enfocan con exactitud sobre la retina se llama acomodación.
Las células sensoriales de la retina reaccionan de forma distinta a la luz y los colores. Los bastones se activan en la oscuridad, y solo permiten distinguir el negro, el blanco y los distintos grises. Los conos, hacen posible la visión de los colores. En el ojo humano hay tres tipos de conos, sensibles a luz de color rojo, verde, y azul. Cada uno de ellos absorbe la radiación de una determinada porción del espectro gracias a que poseen unos pigmentos llamados opsinas. Las opsinas son unas moléculas que están formadas por una proteína y un derivado de la vitamina A.
El ojo evolucionó hace unos 600 millones de años desde un sencillo detector de luz para los ritmos circadianos (diarios) y estacionales, cuyo vestigio actual es la glándula pineal. Aquellos primeros ojos tardaron unos 100 millones de años en convertirse en el ojo actual de los vertebrados.
Los vista se afina en contacto activo con la naturaleza. No hay mejor escuela.
La vista necesita enfocar a distintas distancias, concentrarse en localizar cosas, plantas, animales, estrellas… prestar atención a los detalles, como por ejemplo preparar una comida, tareas que precisan herramientas, o cuidar nuestra casa.
Caminar en la oscuridad a la luz de la luna y las estrellas (sin linterna), y mirar al sol del atardecer o del amanecer limpian y afinan la vista.
Mirar al sol es un ejercicio que hay que realizar progresivamente, y prestando atención a cuando su beneficio se torna dañino. Si lo practicamos, las gafas de sol se tornarán innecesarias en muchos casos, con la excepción de la nieve o la alta montaña, donde la intensidad de rayos UVA se multiplica excesivamente.
La televisión y las pantallas crean la ilusión de la distancia, pero lo cierto es que su exceso va matando la capacidad visual poco a poco.
El oído reacciona ante las vibraciones del medio que oscilan entre 20 y 20000 Hz.
El oído funciona convirtiendo las ondas sonoras del aire en señales eléctricas que el cerebro interpreta como sonidos, a través de un proceso en tres etapas: captación en el oído externo, amplificación en el oído medio y conversión (transducción) en el oído interno, moviendo fluidos y células ciliadas.
La audición depende de una serie de pasos complejos que convierten las ondas sonoras que viajan por el aire en señales eléctricas. Estas señales llegan al cerebro a través del nervio auditivo. El proceso de la audición sigue este recorrido:
Adicionalmente el oído cumple otras funciones:
El oído se afina escuchando con los ojos cerrados, ya que el influjo de la vista es demasiado arrollador en el cerebro y suele barrer la sutilidad de este sentido. Por este motivo los ciegos tienen una capacidad auditiva superior a otras personas.
Escuchar música prestando atención a diferenciar cada instrumento, cada nota, la calidad del sonido, sus distancias, y su presencia. También hacer este ejercicio con el entorno, principalmente en la naturaleza. Nos sorprenderemos de todo lo que suena y no nos damos cuenta.
Cuando afinamos el oído también aprendemos a escuchar el silencio y el sonido interior, además de mejorar la audición.
El tacto funciona a través de millones de receptores sensoriales bajo la piel (mecanoreceptores) que detectan presión, temperatura o dolor.
La piel es su órgano principal y el más grande del cuerpo. Al tocar algo, sus receptores envían señales eléctricas a través de las neuronas y la médula espinal hasta el cerebro, que interpreta la información para reconocer textura, forma y temperatura.
El tacto no solo funciona para percibir el entorno, sino también para proteger el cuerpo (reacción ante dolor o calor) y tiene una gran importancia psicológica en la creación de vínculos y el desarrollo emocional. También tiene una variante interna que se conoce como propiocepción.
El tacto humano y la propiocepción son dos sistemas sensoriales fundamentales que funcionan en conjunto para permitirnos interactuar con el entorno y ser conscientes de nuestro propio cuerpo. Mientras el tacto recoge información externa, la propiocepción actúa como un "sexto sentido" interno que nos dice dónde están nuestras partes del cuerpo sin necesidad de mirarlas
El sentido del tacto (Sistema Somatosensorial Externo) funciona a través de una red de receptores especializados en la piel que convierten estímulos físicos (presión, temperatura) en impulsos eléctricos que el cerebro interpreta. Los Receptores (Mecanorreceptores): Están distribuidos por la piel y responden a diferentes estímulos:
Cuando un objeto toca la piel, los receptores se activan, generando un potencial de acción (impulso eléctrico) que viaja por los nervios hasta el sistema nervioso central (médula espinal y cerebro). La información llega al córtex somatosensorial en el lóbulo parietal del cerebro, donde se perciben e interpretan las sensaciones.
La propiocepción (Sistema Sensorial Interno) es la capacidad de conocer la posición y el movimiento de las diferentes partes del cuerpo en el espacio. A menudo se describe como el "tacto profundo". Los receptores Propioceptivos se ubican en músculos, tendones, ligamentos y articulaciones.
La propiocepción permite la conciencia corporal. Envía información constante al cerebro sobre el tono muscular y la posición de las extremidades. También permite al cerebro contraer o relajar músculos para mantener el equilibrio y la postura sin que sea necesario pensarlo conscientemente.Y por último facilita movimientos complejos, como tocarse la nariz con los ojos cerrados o caminar sin mirar los pies.
Ambos sistemas (Tacto y Propiocepción) trabajan en sinergia para formar el "esquema corporal" o mapa tridimensional del cuerpo en el cerebro. El cerebro recibe señales de la propiocepción (posición interna) y del tacto (contacto externo), junto con la vista y el oído interno (sistema vestibular), para proporcionar una percepción unificada de dónde está el cuerpo y cómo se relaciona con el entorno. Si el cuerpo se mueve de manera riesgosa, los receptores propioceptivos actúan rápidamente (reflejo miotático) para contraer músculos y evitar lesiones como desgarros. Permite acciones coordinadas como escribir, tocar un instrumento, o conducir, permitiendo que el cerebro sepa dónde están las manos o los pies en todo momento.
El tacto se afina con el cariño y el contacto.
Las caricias, los masajes, y la sensualidad son importantísimos para desarrollar este sentido.
El agua surte un especial efecto en el sentido del tacto a todos los niveles. Las duchas y los baños tanto de agua caliente como fría incrementan notablemente su capacidad sensitiva.
Es importante preservar su fina capa de aceite natural. El exceso de higiene y de jabones es tan contraproducente como la falta de ella. Hay un gran negocio montando a base de desnudar la piel de su protección natural y luego restaurarla a base de potingues. Que esto no se entienda mal. Hay cremas fantásticas que hacen mucho bien a la piel, y mantener su higiene es importante. El error está en los excesos. El equilibrio entre las capas hidrófugas (aceites) e hidrófilas (agua) genera el potencial bio-eléctrico de cada organismo. Alterar este potencial modifica nuestra sintonía energética con el entorno.
La propiocepción se cultiva mediante la observación de nuestras sensaciones interiores. Muchas disciplinas físicas, y principalmente el yoga, ayudan notablemente a entrenar nuestras capacidad de percibir nuestro estado interior.
El gusto y el olfato son sentidos químicos que trabajan juntos para crear la experiencia del sabor y el olor.
El gusto, localizado en la lengua, detecta cinco sabores básicos (dulce, salado, ácido, amargo y umami) mediante papilas gustativas. El olfato detecta miles de aromas en el aire y a través de la vía retronasal al masticar.
El sentido del gusto se activa cuando las moléculas de los alimentos se disuelven en la saliva y estimulan las células sensoriales en los botones gustativos de la lengua, paladar y garganta. Estos receptores convierten el estímulo químico en un impulso nervioso que se envía al cerebro. Se distinguen cinco sabores básicos: dulce, salado, ácido, amargo y umami (sabroso).
El sentido del olfato se activa cuando las moléculas de olor en el aire llegan a la cavidad nasal (olfato ortonasal) o desde la boca a través de la garganta (olfato retronasal). Las sustancias químicas se adhieren a los receptores del epitelio olfativo, convirtiendo el olor en impulsos eléctricos que viajan al bulbo olfativo y luego al cerebro. El olfato permite distinguir más de 10.000 aromas diferentes.
El "sabor" que percibimos es, en su mayoría, el aroma liberado por la comida, potenciado por los receptores gustativos. Cuando la nariz está congestionada, los aromas no llegan a los receptores olfativos, por lo que la comida se percibe insípida o desabrida.
Ambos sentidos envían información al cerebro simultáneamente, el cual combina la información para identificar el sabor, la textura y la temperatura de los alimentos.
La nariz y la boca están altamente comunicados interiormente en los seres humanos, pero no tanto en otros mamíferos, lo que implica que actúan simbióticamente en las personas. La nariz le aporta la sensorialidad de los sabores al gusto.
El olfato y el gusto son unos instintos básicos a los que les gusta disfrutar. Recrearse en los olores y en los sabores es la mejor forma de atenderlo.
Es importante masticar suficientemente los alimentos y no sólo deglutirlos. El gusto es un sentido que se pone en marcha a raíz de la masticación. Es la saliva la que al mezclarse e interactuar con lo masticado permite realizar el primer análisis químico de la comida. Sin embargo, el verdadero sabor es transferido por la parte interna de la nariz, que cuenta con muchísimos más receptores químicos que la lengua. La nariz analiza los vapores que se desprenden del bolo alimenticio masticado, y que son los que nos proporcionan toda la riqueza de matices y la gama de sabores de la diversa gastronomía. Sin saliva ni masticación no hay gusto, ni efluvios que analizar.
El gusto cuenta con cuatro receptores químicos que desglosan a modo general los sabores en dulce, salado, amargo y ácido, junto con todas sus recombinaciones. A estos se añade un quinto receptor llamado umami que detecta el glutamato (ácido glutámico), un aminoácido esencial que actúa de neurotransmisor excitante en nuestro cerebro. La sal de este aminoácido, el glutamato monosoìdico (GMS), es un tremendo potenciador del sabor, además de buen conservante de los alimentos. El GMS transforma los alimentos insulsos en sabrosos manjares. No es dañino per sé, pero tiene un punto adictivo ya que estamos inmersos en un sistema en el que la gente se alimenta por el sabor de lo que se lleva a la boca y no por la calidad de los nutrientes. La gente que se engancha al GMS se atiborra de porquerías que están riquísimas pero que no le hacen nada bien al cuerpo. Aprender a disfrutar de los sabores sin necesidad de potenciadores es clave para aprovechar otras funciones de este sentido que se tratarán más adelante.
Hay que tener mucho cuidado con la tentadora avalancha de sabores con la que nos seduce el sistema alimenticio en el que vivimos. Tenemos que aprender a comer por el valor nutritivo de los alimentos, y no simplemente por la combinación de sabores. La calidad de la nutrición no tiene que estar reñida con la calidad de la experiencia gastronómica.
El olfato, tan importante en la mayoría de los mamíferos como pone en evidencia el tamaño relativo de sus narices, quedó eclipsado por el desarrollo de la vista en el ser humano. Sin embargo no hay que subestimar la importancia de educar la nariz en la variedad y sutilidad de los aromas olores, como demuestran algunas profesiones como el catador de vinos (sommelier) o el diseñador de perfumes (nez).

Los cuatro sentidos interiores se corresponden con los exteriores, pero están enfocados a nuestro interior. El trabajo sobre estos sentidos interiores proporcionará la brujo las herramientas claves para guiar su camino y desarrollar todo su potencial mágico.
El mundo espiritual, la verdadera realidad está en nuestro interior. Lo que nos rodea es una especia de entorno virtual de juego por el que transita la experiencia de ser humano en la que se embarca un ser espiritual. El documental sobre el contrato del Alma profundiza en estos conceptos. Necesitamos afinar nuestros sentidos interiores para interactuar con nuestro mundo interior, con nuestra verdadera realidad.
La glándula pineal es el vehículo de nuestra visión interior. Actúa como un proyector de imágenes que se activa habitualmente cuando se corta el suministro de luz tras cerrar los ojos, y disminuye la transparencia del humor cerebral, indicando que es de noche, y sumergiéndonos en el mundo de los sueños.
La glándula pineal produce melatonina, una hormona que nos induce al sueño y dimethyntrictamina, también llamada DMT, que es un neurotransmisor sintetizado a partir de la serotonina. El DMT es responsable de producir los efectos visuales del sueño.
El DMT también se encuentra de forma natural en algunas plantas como la ayahuasca y genera potentes alucinaciones que pueden rayar en la peligrosidad. El cuerpo bloquea de forma natural cualquier entrada exterior de DMT, por lo que las drogas alucinógenas deben engañar esta barrera mediante diversas combinaciones con otras sustancias. Las drogas NO son el camino. No son necesarias. La glándula pineal cumple perfectamente su función cuando se activan los mecanismos de visión interior.
Ya el filósofo René Descartes, en el siglo XVII, pensaba que la glándula pineal era el área donde residía el alma humana. Se le atribuyen cualidades místicas y poderes paranormales. Lo cierto es que esta glándula actúa como punto de inflexión que emite lo que está dentro fuera y lo que está fuera hacia dentro.
La glándula pineal funciona como un transformador energético, convirtiendo la energía que dimana del subconsciente en otra que pueda ser captada por el consciente. Estos procesos de intercambios energéticos son bastante complejos pero, al mismo tiempo, rapidísimos.
La imaginación (imagen en acción) es el mecanismo mediante el que recreamos imágenes en nuestra mente consciente que no han sido captadas por los ojos. La imaginación es resultado de la mente consciente. Su equivalente de la mente subconsciente seria la evocación, que también se podría llamar ensueño. Las imágenes generadas se presentan con distintos niveles de nitidez pero tienen una consistencia arquetípica, es decir no son reales como los sueños, que son indistinguibles de la realidad.
La visualización resulta de la concatenación de estas imágenes. En el caso de que la imágenes se generen conscientemente, es decir mediante la imaginación, se precisa algún tipo de guía que la mantenga activa. Cuando las imágenes resultan de la evocación indican que se produce una comunicación con el inconsciente. Estas imágenes se presentan de alguna forma ajenas a nuestra voluntad y son el camino para comunicarse con la realidad del creador.
Es importante aprender a diferenciar la imaginación de la evocación para poder adentrase en el lenguaje universal de la creación y activar todo nuestro potencial mágico. Este potencial se desarrolla en el camino del brujo.
La inteligencia orgánica resulta del conocimiento sensorial de nuestro organismo y se manifiesta a través de la propiocepción combinada con otras informaciones que proporcionan el sentidos del gusto y la lengua.
La piel nos envuelve por fuera pero se mete por la boca hacia dentro dando la vuelta por el interior del cuerpo, recubriendo todo el sistema digestivo, y volviendo a salir por el ano. Esta fisiología es importante para entender el funcionamiento de la inteligencia orgánica que gestiona la piel interior y exterior y cuyas conclusiones bioquímicas se expresan en la lengua.
Ya se ha constatado que la membrana celular de cada una de las miles de millones de células que componen el organismo es muchísimo más que un mero envoltorio. La membrana celular se asemeja a un sofisticado teclado de ordenador que interactúa e interpreta tanto con su medio externo como el interno. La piel que nos envuelve por fuera y la que nos in-vuelve por dentro no es menos.
El sentido del gusto tiene otras funciones que explican por qué el tema del sabor queda tan delegado a la nariz. La lengua es un laboratorio bioquímico que recoge toda la información del proceso digestivo e informan de los resultados a la consciencia, si le prestamos atención. La boca se seca ante una comida que demanda agua para ayudar a limpiar su toxicidad. La acidez o el mal sabor indican una mala digestión y también se notan en la lengua. El color y la supuración de la lengua reflejan el estado de salud, e incluso se utilizan como elementos de diagnóstico según el Ayurveda, la Medicina Tradicional China y otras terapias naturales.
La población de bacterias de los intestinos conforman un segundo cerebro que regula el sistema inmunológico del organismo entero, y también crean los precursores de muchos de los neurotransmisores que usa tan alegremente la consciencia. La cantidad de bacterias de nuestros intestinos iguala o supera a la cantidad de neuronas, y también establece una compleja red bioquímica que es imprescindible para nuestra supervivencia física, mental y emocional. Algunos científicos incluso postulan que el ser humano es un subproducto, un hábitat andante creado para la supervivencia de esta compleja comunidad bacteriana, y que la mente ha sido promovida por ellas para una mejor interpretación y adaptación de este habitan andante a su entorno. El órgano de expresión de esta importante comunidad bacteriana es la lengua, el gusto y nuestra boca, que está poblada de bacterias por mucho que nos lavemos los dientes. Estas bacterias se comunican con las de nuestros intestinos y nos expresan su mensaje químicamente.
Por ejemplo, durante un beso la lengua realiza un análisis de compatibilidad genética de la saliva mezclada, y transmite una sensación de afinidad y excitación, o de indiferencia en función del resultado.
El regusto interno es un sentido interno crucial que el brujo debe aprender a dominar debidamente porque al margen de degustar las comidas, algo que realmente maneja el olfato, nos transmite información sobre el estado de bienestar de nuestra colonia bacteriana. Un regusto bien afinado es una fuente de información sobre nuestro estado de salud. El regusto interno puede trascender la obvia sensación del sabor y ofrecer información sobre el estado nutricional del alimento, no durante la propia comida, sino después, cuando su actividad no queda placada por la intensa interferencia del olfato y los sabores.
La enfermedades y la química de muchos medicamentos se pueden reconocer por su re-gusto.
Beber agua ni fría ni caliente, comer sano, variado y no en exceso permite elaborar un nuevo registro de sensaciones de regusto interior. Es importante para el brujo elaborar un registro de estas sensaciones para discernir qué le sienta bien y en qué cantidad, y no dejarse arrastrar por una alimentación meramente basada sabores. Así podrá disfrutar de una comida deliciosa manteniendo una buena salud y, sobre todo, hacer saber a su colonia bacteriana que hay comunicación.
Para afinar el sentido del regusto como brújula de salud debemos concentrarnos en las sensaciones de nuestra lengua, de nuestra boca y garganta tiempo después de haber comido. ¿Cómo es nuestra sequedad, aliento, sensación de limpieza, sabor propio…? Aprendamos lo que manifiesta y actuemos en consecuencia. Una buena comida no es el sabor del acto gastronómico, sino el regusto interno que aparece después. Atender este regusto interno lo afina y nos enseña el camino para comer mejor y estar más sanos. Una vez afinado podremos discernir qué y cuánto comer para nuestro optimo bienestar y salud.
La respiración es el fundamento de la inteligencia energética de nuestro ser. Aquí interviene la nariz como punto de acceso, y también la boca, y por supuesto la propiocepción, que actúa de monitor de todas nuestras sensaciones internas.
La nariz y la boca están excepcionalmente comunicados interiormente en los seres humanos. Aunque arezca una nimiedad, respirar por la nariz o por la boca tiene distintos efectos en nuestro organismo.
La nariz filtra, humedece y calienta el aire; y también produce óxido nítrico (NO) en los senos paranasales lo que mejora la eficiencia del intercambio gaseoso y contribuye a reducir la acidez del organismo. La respiración bucal es más rápida, facilita la hiperventilación, la recuperación física y activa el sistema simpático y el estado de alerta.
Las distintas combinaciones de ritmos y duraciones de la inhalación, exhalación y retención del aire, junto con el tipo de respiración efectuada: clavicular (alta), torácica (media) o diafragmática (baja), si la entrada del oxígeno se efectúa por la boca o por la nariz, y otras técnicas crea una asombrosa variedad de efectos a nivel orgánico, bioenergético e incluso espiritual. Muchas disciplinas trabajan diversas técnicas de respiración, pero es el yoga la gran madre del cordero. Así que la práctica del yoga se presenta como el mejor camino para aprender y perfeccionar la respiración.
La respiración energiza el organismo mediante el aporte del oxígeno, tan necesario para la activación metabólica y el funcionamiento de los procesos bioquímicos. Pero también es el vehículo de entrada y conexión con el prana. El término prana proviene del yoga y significa energía vital. Es el concepto que inspiro “la fuerza” que alimenta el poder de los caballeros Jedi en las películas de Star Wars.
Trabajar en la respiración no sólo crea distintos efector orgánicos y de bienestar, puede elevar nuestra sensibilidad sobre el prana al punto de notarlo físicamente, como corrientes de energía de diversas intensidades y características.
Al margen de la sensibilidad física que un brujo pueda desarrollar ante el prana, los efectos de la respiración son innegables y deben ser estudiados, practicados e incorporados su esencia vital. En última instancia, el dominio del prana puede llevar a la activación de la poderosa energía kundalini. Hay que estar muy preparado y tener bien forjado el potencial mágico para despertar y manejar la energía kundalini.
Willy M. Olsen ha tenido muchas experiencias de primera mano en este sentido que describe en su relato titulado Energías Terribles, que narra unas experiencias energéticas intensas que padeció desde niño y que le llevaron a descubrir muchos de los conocimientos que aquí se exponen.
Willy M. Olsen lo llama el sonido de la creación. Disciplinas como el yoga lo llaman “Nada”.
Se trata de un sonido interno, de una vibración primordial, que suena como un zumbido, grave y agudo a la vez. Se podría describir como un zumbido de abejas o el crepitar de una corriente eléctrica. Este sonido se escucha dentro. Está siempre presente pero lo tenemos filtrado para que no moleste, por lo que es difícil escucharlo. Si prestamos atención en silencio podemos empezar a identificarlo. Una vez detectado puede volverse atronador, pero seguirá sonando dentro, y de forma independiente de cualquier sonido externo.
En la naturaleza, el lugares de especial belleza, en enclaves sagrados y todos aquellos puntos con fuerte energía telúrica o de otro tipo podemos reconocer cómo este sonido es mucho más intenso e incluso se modula y suena diferente.
No es un sonido de fondo de nuestro organismo, es como resuena nuestra vibración energética. Cuando se tienen experiencias energéticas, se canaliza o se intensifica el prana, el sonido cambia. Un brujo puede no sentir físicamente las energías, pero si puede identificar sus sonidos si afina su sentido del oído interno.
La intuición es la capacidad de comprender, percibir o saber algo de forma inmediata, sin un razonamiento consciente paso a paso.
La intuición resulta de la respuesta subconsciente que conjuga de forma instantánea de toda la información que perciben los sentidos externos y los internos. Es el mecanismo de percepción y reacción integral que maneja nuestro subconsciente ante cualquier situación desconocida.
La intuición se vuelve poderosa cuando el consciente ha logrado alinearse con el subconsciente. Esta alineación resulta de la re-programación y de la comunicación entre la mente consciente y subconsciente que se trabaja durante la forja del potencial mágico . Pero más que poderosa, la intuición se vuelve precisa. Se convierte en una brújula interior.
La brújula interior es la herramienta más importante que debe desarrollar un brujo. Nos guía sobre todos los aspectos de la vida: las responsabilidades a asumir, las que no, la salud, las compañías, las decisiones. Todo. Y suficientemente afinada nos permite una gran capacidad de discernimiento que nos evita caer en las trampas de la guerra espiritual en la estamos sumidos y nos hace avanzar por el camino de la auténtica sabiduría. No ese conocimiento que nos cuentan, sino eso que nace de nosotros, de nuestro pensamiento crítico, de nuestras reflexiones, y de nuestra intuición.
Los chamanes de algunas tribus indígenas llamaban caminar en la belleza a este recorrido guiado por este discernimiento y por la brújula interior.
¡Cuando la vida se camina en la belleza se vuelve una aventura tan bonita!
Willy M. Olsen tratará de hacer algunos videos explicando técnicas que ayuden a dominar estos sentidos, aparte de las publicaciones, documentales e iniciaciones que ya están disponibles. Trabajar la percepción ampliada junto con la forja del potencial mágico permitirá al brujo manifestar todo su poder. La novela de Los Versos de Pandora expone a través de sus personajes todo un recorrido de ejemplos y técnicas para el dominio de la mente, las emociones, la percepción física y los sueños.